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A un año de su partida: el legado cercano y humano del Papa Francisco

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Este 21 de abril se cumple el primer aniversario de la muerte de Papa Francisco, el primer pontífice latinoamericano de la historia y, para muchos, el “Papa de la gente”. Su figura dejó una huella profunda no solo en la Iglesia Católica, sino también en millones de personas alrededor del mundo que encontraron en él una voz cercana, sencilla y profundamente humana.

Nacido como Jorge Mario Bergoglio en el barrio de Flores, en Buenos Aires, su historia estuvo marcada desde el inicio por la austeridad, la vocación de servicio y una fuerte sensibilidad social. Hijo de inmigrantes italianos, supo desde joven que su camino estaría ligado a la fe, ingresando a la Compañía de Jesús y ordenándose sacerdote en 1969. Con el tiempo, su liderazgo lo llevó a convertirse en arzobispo de Buenos Aires y luego en cardenal, siempre manteniendo un perfil bajo y una cercanía poco común con los sectores más vulnerables.

Su elección como Papa, el 13 de marzo de 2013, durante el cónclave que siguió a la renuncia de Benedicto XVI, marcó un antes y un después en la historia de la Iglesia. Desde el balcón del Vaticano, con un simple “recen por mí”, comenzó a delinear un pontificado distinto, alejado de los lujos y protocolos tradicionales.

Durante su papado, Francisco eligió gestos por sobre discursos. Lavó los pies a presos, visitó villas, abrazó enfermos y se mostró siempre dispuesto a escuchar. Promovió una Iglesia “en salida”, comprometida con los pobres, el cuidado del medio ambiente y el diálogo interreligioso. Su encíclica Laudato si’ se convirtió en un llamado global a la conciencia ecológica, mientras que su prédica insistente por la paz lo posicionó como un referente moral en tiempos de conflicto.

El Papa Francisco falleció el 21 de abril de 2025 en la Ciudad del Vaticano, tras complicaciones de salud que se habían agravado en los meses previos. Su muerte generó una conmoción mundial: fieles, líderes políticos y personas de distintas religiones lo despidieron reconociendo su calidez, su humildad y su capacidad de tender puentes.

En Argentina, el impacto fue aún más profundo. Miles de personas se congregaron en iglesias y espacios públicos para rendirle homenaje. Para muchos argentinos, Francisco no solo fue un líder espiritual, sino también un símbolo de orgullo nacional y un ejemplo de coherencia entre el decir y el hacer.

A un año de su partida, su legado sigue vivo. En cada gesto de solidaridad, en cada comunidad que trabaja por los más necesitados y en cada persona que apuesta por el diálogo y la empatía, resuena su mensaje. Porque Francisco no fue un Papa distante, sino alguien que supo mirar a los ojos, escuchar y acompañar.

El “Papa de la gente” dejó una Iglesia más cercana y un mundo que, aunque todavía lleno de desafíos, aprendió con él que la ternura también puede ser revolucionaria.

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