En el Día Mundial de la Salud Mental, la psicóloga Luciana Rita Ghirardi reflexiona sobre las exigencias de la vida cotidiana, el impacto de las pantallas y los vínculos atravesados por la inmediatez. Recuperar la palabra, respetar los tiempos propios y aprender a esperar son algunas de las claves para cuidar nuestra salud mental.
Todo parece tener que suceder ahora. Los mensajes esperan una respuesta inmediata, las pantallas ofrecen soluciones en segundos y las exigencias se acumulan como si detenerse fuera quedarse atrás. Hay que estudiar, trabajar, progresar y cumplir expectativas. Mientras tanto, algo sucede puertas adentro: la mente intenta procesar aquello que el mundo exige cada vez más rápido.
«Nuestro sistema psíquico funciona en un tiempo lógico», explica Luciana Rita Ghirardi, licenciada en Psicología (MP 5985), magíster en Criminología, Victimología y Feminicidio, y especialista en Psicología Jurídica y Forense (ME 667).
Para la profesional, la salud mental implica alcanzar un equilibrio entre nuestro mundo interno y el mundo exterior. Sin embargo, ese equilibrio puede verse afectado por la velocidad de la vida cotidiana, la sobreestimulación y las exigencias sociales, económicas y personales. «No se trata de que somos enfermos o que tenemos enfermedades o que hay más enfermedades en la salud mental, sino que son las respuestas del ser humano que no se pueden adaptar al mismo tiempo», señala.
Sentada en el sillón de su despacho, Luciana recalca la importancia de la comunicación cara a cara. De leer los gestos, de escuchar mirando a los ojos. En una época en la que todo parece estar al alcance de un clic, procesar una experiencia, atravesar una frustración o comprender una emoción continúa necesitando tiempo. El cerebro intenta decodificar lo que sucede a su alrededor, pero, cuando logra hacerlo, aparece un nuevo estímulo que reclama atención.
Conectados, pero cada vez más lejos
Las pantallas permiten comunicarnos, pero no siempre garantizan un encuentro. Una conversación puede reducirse a un mensaje, un vínculo terminar en un bloqueo y una emoción quedar atrapada detrás de una pantalla.
Ghirardi advierte sobre el alejamiento de la palabra y de la posibilidad de escucharnos. «Los seres humanos somos sujetos de la palabra», afirma, y explica que es a través de ella que aprendemos a reconocer al otro, expresar lo que sentimos y construir vínculos.
La dificultad para comunicarnos también puede trasladarse a otros espacios, como la escuela, la universidad y las relaciones personales. Cuando no encontramos herramientas para afrontar una frustración o expresar el malestar, pueden aparecer respuestas que dañan tanto a uno mismo como a los demás. «Estamos llenos de un montón de cosas, pero nos sentimos completamente vacíos», reflexiona la psicóloga.
Ese vacío puede convivir con las notificaciones constantes y una vida aparentemente ocupada. Estar conectados no significa necesariamente sentirnos acompañados, así como hablar no siempre implica comunicarnos.
Aprender a esperar, aprender a escucharnos
Frente a un mundo que difícilmente detenga su marcha, la especialista propone volver la mirada hacia aquello que sí podemos trabajar: nuestros tiempos, nuestras emociones y nuestros vínculos. Reconocer que no todos procesamos las experiencias de la misma manera, aprender a tolerar las frustraciones y aceptar que algunos objetivos requieren caminos más largos son parte de ese proceso. También lo es comprender que no siempre podemos resolver solos aquello que nos duele.
La salud mental, además, no puede pensarse de manera aislada. Las condiciones económicas, las ausencias afectivas y la falta de redes de contención pueden profundizar las dificultades. Por eso, Ghirardi destaca la importancia de políticas públicas integrales que contemplen a las personas en todas sus dimensiones. Recuperar la palabra es otra de las claves. Hablar, escuchar y permitirnos explicar lo que sentimos puede abrir caminos allí donde el silencio y las suposiciones generan distancia. «Cuando perdemos eso, nos deshumanizamos», advierte.
Quizá, en un tiempo en el que todo parece exigir una respuesta inmediata, una de las decisiones más importantes sea permitirnos hacer una pausa. No para detener la vida, sino para volver a escucharla. Porque cuidar la salud mental también empieza por una pregunta sencilla, aunque no siempre fácil de responder: ¿cómo estoy, realmente, detrás de todo lo que el mundo me pide que sea?
