El road show de Franco Colapinto en la Ciudad de Buenos Aires se convirtió en un evento histórico, con más de 600.000 personas que colmaron las calles de Palermo para ver de cerca al piloto argentino de Fórmula 1. En una jornada que combinó espectáculo, emoción y cercanía con el público, el joven de 22 años devolvió el apoyo recibido durante su carrera con una exhibición que muchos describieron como un “mini Gran Premio”.

A bordo de un monoplaza del equipo Alpine F1 Team, Colapinto realizó varias salidas en un circuito montado sobre la Avenida del Libertador y Sarmiento. La escudería llevó especialmente un auto con historia: el modelo con el que Kimi Räikkönen ganó en Abu Dhabi 2012, adaptado con los colores actuales. El rugido del motor V8 y las maniobras del argentino, incluidos trompos y aceleraciones al límite, desataron la euforia del público.
Más allá del show en pista, uno de los momentos más destacados fue el gesto del piloto con un grupo de chicos en silla de ruedas. Durante una pausa, Colapinto se acercó a saludarlos, dialogó con ellos y se tomó una selfie, en una escena que reflejó su conexión con los fanáticos. Ese vínculo también se evidenció cuando, tras el desfile final en camión, bajó en distintos sectores para interactuar con la multitud.


El evento contó con una organización que buscó replicar la experiencia de la Fórmula 1, con fan zone, sectores VIP, exhibición de autos históricos y estrictas medidas de seguridad. Entre las piezas destacadas hubo vehículos del museo dedicado a Juan Manuel Fangio, con quien Colapinto fue simbólicamente vinculado al recibir un casco del quíntuple campeón y donar uno propio.
El fenómeno que genera Colapinto no pasó desapercibido dentro del propio equipo. Luca Mazzocco, integrante de Alpine, destacó la pasión de los fanáticos argentinos y comparó el impacto del piloto con el de Fernando Alonso, bicampeón del mundo. Según señaló, el apoyo se mantiene incluso cuando los resultados deportivos no acompañan, algo poco habitual en la Fórmula 1.


Colapinto ya se consolidó como un ídolo popular. En un país sin Gran Premio desde hace años, la jornada en Palermo dejó en claro que la pasión por la máxima categoría sigue intacta y que el joven piloto logró convertirse en su principal bandera.

